lunes, julio 03, 2006

La catarsis que no fue: Ñoñadas mundialísticas

La pelota gira y da más vueltas, y llega a las manos de un arquero. En sólo un microsegundo, 38 millones de cabezas se agachan y expelan un “uhhh”, que quiere decir muchas cosas. Durante 2 horas, tuve muchos problemas para sonreír, y lo único que pensaba era: “Faltan 4 años... faltan 4 años...”. Ese día pasó: animé un cumpleaños con alegría alquilada, me cagué un poco a palos en la clase de Tae-kwon-do (donde, por suerte, todos controlan su propia catarsis, sino sería una carnicería) y después vi a Nati, y todo tomó un poco de color de rosa.
Para los que no lo recuerdan, el sábado fue un día hermoso. Precioso. Amaneció nublado, pero a eso de las 2 de la tarde, cuando me iba para el club a trabajar, me sorprendí sacándome el buzo y el pulóver por el sol y el calor que no se espera un 1 de Julio. La tarde brillaba. Posta, brillaba. Nunca disfruté tanto ir a trabajar. Cuando terminó la jornada, me quedé en el Club, viendo como perdía Brasil (“uhhh, que pena”. Perdón, se me escapó...). A la noche salí con Juani, y si hubiéramos salido 14 varones, no la hubiésemos pasado tan bien.
El domingo pasé toda la tarde con Nati, y tuve muchos problemas para dejar de sonreír. A la noche jugué al fútbol con mis amigos: nos peleamos, nos pateamos, nos puteamos, ganamos, perdimos, en fin, una masa, como siempre. Volví a casa, y mientras cenaba le comenté a mi vieja que este fin de semana había sido excelente. Es la 1:23 hs. y escribo esto, antes de irme a dormir para empezar otra semana. “Lunes otra vez, sobre la ciudad...”

Moraleja: El mundial no lo es todo...